Lo difícil de pintar al aire libre no es pintar
Es todo lo que pasa alrededor mientras pintas
Este fin de semana estuve en Sevilla en una boda. El día anterior encontré un hueco y me fui a pintar a la Plaza de España. Mediodía. 35 grados. A la sombra, pero 35 grados.
No era el momento ideal. Ni la luz ni la hora ni la temperatura eran las que yo hubiera elegido. Pero era lo que había, así que saqué el cuaderno y me puse.
Y ahí, sentado en el suelo con el sudor en la espalda, recordé algo que casi nunca mencionamos: pintar fuera tiene una capa entera de dificultad que no tiene nada que ver con la técnica.
Lo que realmente complica pintar en la calle
Cuando pintamos en casa, en el estudio, sentados en nuestra silla con todo a mano, la única variable es la acuarela. El papel, el pincel, el color. Punto.
Fuera no. Fuera tienes que sentarte donde puedas, a veces en el suelo, a veces de pie, con la luz cambiando, con el sol directo o la sombra moviéndose más rápido de lo que crees. Tu cuerpo está incómodo y tu cuerpo incómodo afecta a tu cabeza.
De repente alguien se para detrás de ti a mirar. Alguien te hace una pregunta justo cuando estabas concentrado en una mezcla. Alguien simplemente pasa y tú, sin darte cuenta, ya estás pensando en lo que están viendo en vez de en lo que estás pintando.
Nada de esto es un problema técnico. Es físico y mental. Y sin embargo determina completamente el resultado, porque una cabeza que no está donde tiene que estar no puede tomar buenas decisiones sobre el papel.
Lo bueno es que la mayoría de estas situaciones pueden anticiparse. Comparto algunas ideas que me han resultado útiles y que, con suerte, también te ayudarán.
1. Conoce bien tu paleta y llévate algo reducido
Cuanto menos tengas que decidir sobre la marcha, menos fricción. Lleva la escena pensada desde casa: los colores que vas a usar, la composición (más o menos), el enfoque general. No se trata de eliminar la espontaneidad del todo, sino de reducir el número de decisiones que tu cabeza tiene que tomar cuando estés en plena faena. Si ya tienes claro con qué vas a trabajar, lo único que queda es disfrutar y pintar.
2. Evita las horas de máxima afluencia
La gente distrae. Mucho, más de lo que pensamos. Mi idea de pintar a pleno sol al mediodía en la Plaza de España era, sobre el papel, una mala idea. Y sin embargo, a esas horas había muy poca gente. Eso me dio una tranquilidad y una libertad total para concentrarme en lo que estaba haciendo.
Si puedes elegir, busca momentos de menos afluencia. No es solo comodidad, es indispensable para que tu cabeza esté donde tiene que estar.
3. Encuentra el setup que funcione para ti
Cada uno tiene sus manías a la hora de pintar y nos gusta tener las cosas colocadas a nuestra manera. Y la única forma de descubrir cuál es tu setup es probarlo en la calle. Sal y experimenta con distintas configuraciones: una paleta de mezclas grande o pequeña, una tabla para sujetar el cuaderno, quizás un caballete ligero. No hay una respuesta correcta, solo la que te haga sentir que tienes el control de tu espacio aunque estés en mitad de una plaza.
En mi caso, salí solo con el sketchbook apaisado (A5), un estuche de acuarelas de bolsillo y un set de viaje con tres pinceles, portaminas y goma de borrar. Un equipo muy limitado, pero suficiente para resolver un dibujo puntual.
4. Controla la prisa antes de que te controle a ti
Estar en la calle, expuesto, con gente alrededor, hace que la prisa se apodere de ti casi sin darte cuenta. Quieres terminar rápido, quieres dejar de sentirte observado, quieres que ya esté hecho. Y esa prisa es enemiga de la acuarela, una técnica que necesita tiempo, calma, capas que se secan a su ritmo.
Cuando noto que ese nerviosismo aparece, paro y respiro. Miro la escena un momento sin pintar, solo para recordar por qué estoy ahí. Si en ese momento alguien se acerca a preguntar, contesto con calma, y casi siempre, en vez de sacarme de la concentración, esa pequeña pausa me ayuda a recuperarla. Me recuerda que no hay ninguna prisa real, que estoy ahí por gusto.
Controlar ese impulso de prisa es quizás lo más difícil de pintar fuera, y también lo más importante. Todo lo demás, la paleta, el horario y el setup ayuda. Pero si la cabeza está acelerada, nada de eso es suficiente.
En definitva
Pintar fuera siempre va a tener estas complicaciones. La diferencia entre que te frustren o que las gestiones bien está en anticiparlas y en recordar, cuando la prisa aparezca, que no hay ninguna prisa real. Con el tiempo, todo esto deja de ser un obstáculo y se convierte simplemente en parte del proceso. Y cuando logras superar esas incomodidades iniciales, descubres que pintar al aire libre es, sencillamente, una de las experiencias más gratificantes que hay.
Todavía hay más
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En el artículo de este mes: una guía sobre cómo trabajo el color y la temperatura para capturar este tipo de escenas, centrada en la mezcla que uso para superficies con esa calidez tan característica del sur. Échale un vistazo:
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Gracias por estar ahí, y hasta la próxima.
Atte.: Ander Watercolor





Hace 2 meses estuve allí y quizás fue por las horas en las que visité la plaza que estaba repleto de gente. Pero me habría encantado dibujar un poco. Muy buen artículo!
¡El dibujo es una pasada!