Uno de los temas que más se repite cuando hablamos de acuarela es cómo simplificar una escena antes de empezar a pintarla.
La realidad está llena de detalles, texturas, cambios de color, sombras y pequeños elementos que nuestro cerebro detecta automáticamente. Trasladar todo esto al papel es, sin duda, todo un desafío.
De repente, lo que iba a ser un dibujo sencillo durante los pocos minutos que tenemos libres se convierte en una tarea enorme. Y eso puede resultar bastante desmotivador.
Es exactamente lo que podría pensar alguien al enfrentarse a esta escena de una cala de la Costa Brava:
Ahí estaba yo: sentado sobre una roca, con un pequeño sketchbook, un estuche de acuarelas y unos pocos pinceles de viaje. Delante tenía una escena llena de detalles.
Así que me puse manos a la obra y empecé a pintarla intentando no dejarme llevar por todo lo que tenia delante. Quería ver hasta que punto podría simplificar la escena sin perder la sensación de profundidad y de lugar.
He vuelto a realizar el dibujo en casa para mostrarte cómo abordé la escena paso a paso. El objetivo no era reproducir todo lo que tenía delante, sino reducirlo a unas pocas formas, colores y valores que me permitieran construir el dibujo rápidamente.
1. Empieza por los grandes bloques
Lo primero que hago es un boceto muy sencillo.
No intento dibujar los detalles que veo. Busco zonas donde haya un cambio claro de plano, de color o de elemento. En este caso el cielo y el mar estan claramente separados. Lo mismo ocurre entre la sombrilla y el mar, y entre las rocas y el agua.
No necesito marcar cada roca, ola u objeto que aparece en la escena. Solo necesito saber donde termina una cosa y empieza otra.
con esto ya tengo suficiente para empezar a colorear.
2. Piensa en detalle y en masas de color
Ahora aplico la técnica de entrecerrar los ojos que vimos otra Newsletter. Al hacerlo, los detalles desaparecen y resulta mucho mas fácil identificar las zonas claras y oscuras de la escena.
Aquí veo que el cielo y las rocas son zonas mas luminosas. El mar es algo mas oscuro.
Esto ya me da una información muy útil: se donde puedo trabajar con mas agua y donde necesitare mas pigmento.
Me fijo únicamente en las grandes variaciones de color.
En el mar, por ejemplo, puedo ver como el azul del fondo va transformándose progresivamente hacia tonos mas verdosos y turquesas a medida que se acerca a la orilla. También aparecen zonas rojizas de las rocas que se encuentran bajo el agua cerca de la superficie.
Eso es lo que quiero pintar.
No cada ondulación, cada roca y cada reflejo.
Simplemente, las grandes masas de color.
Una vez seco, hago algo parecido con las rocas. Vuelvo a ignorar cada piedra individual y me fijo en los cambios de color que existen a lo largo de toda la superficie.
Combino diferentes colores tierra para conseguir zonas mas cálidas y mas frías. Pinto toda la zona con una única aguada.
3. Ahora si: empiezo a construir formas
Ahora que tengo las grandes masas de color, puedo empezar a pensar en sombras. Utilizo los mismos colores que he empleado para las rocas, pero con una mayor concentración de pigmento. Con esto defino algunas formas de las rocas pero sigo sin intentar representar fielmente cada una de ellas. Esto me llevaría horas.
Algunas las represento tal cual las veo. Otras las simplifico o incluso las improviso.
Y creo que esto es importante: no necesitas que todas las formas sean exactas para que el conjunto funcione.
Truco: en las sombras también vario el color.
4. Profundidad en el agua
Una de mis zonas favoritas de la escena es el agua cerca de la orilla.
Si te fijas, se pueden intuir algunas rocas bajo el agua, pero sus formas aparecen ligeramente deformadas por el movimiento de la superficie. Es un detalle sencillo, pero ayuda mucho a transmitir que esas rocas están debajo del agua y no sobre ella.
Para conseguir este efecto, primero humedezco la zona con agua limpia. Después, mientras el papel todavía está húmedo, aplico un pigmento oscuro y bastante denso para sugerir las rocas que hay en el fondo.
Al estar trabajando sobre una superficie húmeda, los bordes del pigmento se suavizan y las formas pierden definición. Es precisamente lo que buscamos: no queremos dibujar las rocas con precisión, sino sugerirlas a través de formas difusas.
Además, este recurso solo lo utilizo en la zona más cercana a la orilla. A medida que el agua se aleja, estas rocas dejan de ser visibles. Fíjate:
5. Ondulaciones y perspectiva
Para terminar el mar, añado las ondulaciones de la superficie con un color ligeramente más oscuro.
Aquí también puedo utilizar un pequeño truco para reforzar la sensación de profundidad.
En la zona más alejada hago ondulaciones pequeñas, rectas y muy juntas entre sí. A medida que me acerco, las formas se hacen progresivamente más anchas y dejo más espacio entre ellas.
Este cambio de tamaño y separación hace que el ojo interprete automáticamente que la superficie del agua se extiende hacia el fondo.
Es un recurso muy sencillo, pero funciona especialmente bien en acuarela porque permite sugerir profundidad sin necesidad de dibujar cada detalle del agua.
6. Toques finales
Ya solo queda poner la guinda al pastel.
Añado unos últimos toques en forma de líneas azules para definir la sombrilla y me aseguro de añadir algo de sombra en su parte inferior para darle volumen.
Y con esto, la pintura está terminada
Ahora sí: toca dejar los pinceles a un lado, tomarse una cerveza mirando al mar y disfrutar del resultado.
Espero que este pequeño a paso te haya servido para ver un ejemplo de cómo abordar una escena llena de detalles sin necesidad de pintarlos todos.
Y tú, ¿tienes algún truco o alguna manera particular de simplificar las escenas antes de pintarlas? Me encantaría saber cómo lo haces.
Gracias,








